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viernes, 13 de abril de 2012

PATERNIDAD DE LOS TEXTOS (o Los Textos Huérfanos)

Paternidad de los Textos (o Los Textos Huérfanos)
Me dan papel, me dan tinta, pero… ¿y la voluntad?
Puesta toda en armar el rompecabezas de palabras.
No puedo culparlos. Ni puedo culpar a la profesora. Toda su prostitución educacional esta esmerada en recibir su salario. Y ese salario, cada billete, está marcado, bañado en la tibia sangre de versos inocente, de prosas abortadas, de hijos entintados que no verán la luz. En esencia, escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo, son la misma cosa.
La jueza castigó el estrado con su martillo, se acomodó los lentes, y dictó la sentencia: me van a quitar la tenencia de mis hijos.
Y yo pienso: ¿Cómo puede ser tan insensible, permanecer tan impasible ante el infanticidio? ¡Alguien haga algo, ayúdeme! ¿Cómo sigue ahí, afirmando que la adquisición de un inmueble debe realizarse mediante escritura pública? ¿Y qué garbanzos puede interesarme a mí que así tenga validez el acto jurídico? El contenido del tacho de basura merece y requiere más atención que las nimias y conceptuales combinaciones de palabrejas del verdugo de la creatividad, ya que seguramente en el cilindro de latón, entre chicles y restos de yerba, encontraremos, acurrucado y redondito, algún que otro hijito literario, moribundo y huérfano, pidiéndonos, rogándonos con sus ojitos de gotas de tinta, que le demos la extremaunción. 


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