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sábado, 22 de agosto de 2015

UNA NUEVA VUELTA AL PASADO


Mi hermano tiene la capacidad de viajar a través del tiempo y el espacio.
Nos dimos cuenta hace unos años en la quinta de mis tíos. Veníamos de visitar la tumba del abuelo y habían pasado cosas raras. Primero una sección del cementerio que no sabíamos que estaba ahí. Después ese chico con síndrome de Down que parecía tan violento. Lo seguimos a través de la plaza central del cementerio y terminamos en un chiquero cercano. Quería pelear conmigo en un corral que parecía un cuadrilátero. Si bien todo terminó cordialmente, cuando quisimos acordar estábamos en la quinta. Al menos yo.
Revisé la casa buscando a mi hermano. Mi familia estaba desperdigada y la casa era fascinante, como siempre. Todo tenía olor a nuevo, a fresco, a excitación. A comparación mi casa en Gualeguay era gris. Siempre que una vez por año me despertaba en lo de mis tíos tenía que palparme para creer que estaba ahí. Temía que fuera como una de las tantas veces que el sueño y la oscuridad me jugaban una mala pasada y confundía la disposición de las camas.
Como era común la casa estaba repleta de juguetes y cosas interesantes. Esta vez encontré unos casettes de Famicom que no sabía que tenían. No recordaba que ellos tuvieran consola. Creo que estaban ahí por la irrealidad que me transmitían. Esos juegos, esas carcasas de colores representaban un mundo de vibrante y pirotécnica diversión que me estaba vedado.
Los juegos tridimensionales que vinieron después no podían compararse a las duras plaquetas que contenían un mundo eléctrico que no se parecía en nada a la realidad. Casi diría que más que juegos eran juguetes. Tenerlos en las manos era palpar el paraíso.
De cualquier manera todo se sentía deslucido. No era como cuando había encontrado los muñecos de Power Rangers. Ni el cementerio sabía a muerte sino a barro. Era una copia en carbón.
Para cuando llegué al gran patio aún no encontraba a mi hermano. Todo tenía la típica atmósfera navideña reservada a esos viajes. Seguí buscando.
Nada en el primer patio, sólo mi tío al fondo y sus proverbiales asados en el quincho. La medianera lindaba al norte con los vecinos y al oeste con la segunda sección.
Nada en la segunda, más angosta ésta que su compañera oriental, puro pasto. Me esperaba la última medianera.
Cuando me acercaba lo encontré. Estaba examinando atentamente la tranquerita, como queriendo recordar. Ya habíamos estado antes ahí, ya habíamos cruzado al otro lado. "¿Cómo era? Sólo levanté la mano, pensé en el pasado y..." -ZUM- La tranquera luminosa me absorbió. Cuando miré atrás escuché a mi hermano pero no pude verlo. Lo había hecho otra vez.
Yo lo llamaba entusiasmado a través del portal espejado. El tercer sector parecía la fusión de una chacra con ruinas griegas. Paredes de cemento viejo con mucho pasto. Parras. Árboles. Todo estaba igual, más resplandeciente. Una matriz mágica, una dimensión en el espejo. Había mirado antes y esa pareja desnuda no estaba ahí. Como estatuas griegas, parecía un paisaje del Edén. Todo era tan flashback. Estaba ahí, había viajado. No, no. Estaba mirando y sintiendo, pero no estaba ahí. Era el perfecto voyeurismo, un sueño, conectado a otra realidad de la forma más pura.
Tan ensimismado estaba que ni veía a mi hermano. Sabía que él tenía el don. Era maravilloso. ¿Qué más podría hacer con el paso del tiempo? Era un pequeño milagro.
Pero como siempre, otro viaje al pasado y ni rastro de Mamá.

Este viaje fue diferente, como un mate lavado. ¿Estaba volviendo? ¿O estaba repitiendo el volver? Casi parecía una prueba, u otra oportunidad.

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